Editorial

Génesis no murió sola: el silencio que mata

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@abrilpenaabreu

La historia de Génesis Daniela Lugo, una joven madre de 25 años que en agosto de 2024 se quitó la vida junto a su hija de cinco años, es mucho más que un hecho trágico. Es un grito de auxilio que desnuda una de las violencias más devastadoras y silenciadas en República Dominicana: el abuso sexual infantil dentro del propio núcleo familiar.

La pequeña fue abusada por su tía. En vez de encontrar respaldo, Génesis enfrentó lo contrario: presión de su familia para que retirara la denuncia. Esa traición íntima, sumada a la soledad institucional, la empujó a un desenlace fatal. No hablamos de estadísticas frías, sino de una madre y una niña que no encontraron la red mínima de apoyo que debía sostenerlas.

El contexto es escalofriante. En 2023 se reportaron 508 denuncias de incesto, más de la mitad concentradas en Santo Domingo Este. Entre 2020 y 2022, el 59% de los casos juzgados fueron cometidos por abuelos maternos. Para 2024, el Ministerio Público registró 7,206 denuncias por delitos sexuales, incluyendo 538 por incesto. La violencia no se limita a “casos aislados”; es un patrón sostenido que atraviesa generaciones y que ocurre, en su mayoría, dentro del hogar.

El sistema tampoco está exento de responsabilidad. Nuestros protocolos de atención en salud y protección infantil prevén que psicólogos y trabajadores sociales acompañen a las víctimas y sus familias, detectando riesgos emocionales y activando redes de apoyo. ¿Dónde estaban en este caso? ¿Cómo no se advirtió el deterioro emocional de Génesis? Tener leyes y protocolos no basta si se quedan en papeles y oficinas sin incidencia real en la vida de la gente.

El silencio familiar y la indiferencia institucional matan tanto como el agresor. La familia debe ser escudo, no verdugo; el Estado debe ser sostén, no un espectador pasivo. Es urgente fortalecer los mecanismos de protección, dar seguimiento psicosocial efectivo a cada caso y sancionar a quienes presionan o intimidan a las víctimas para desistir.

Hoy, desde esta tribuna, el llamado es claro: no calle, no dude, no justifique. Si sabe de un abuso, denuncie al 911 o a la Línea Vida (809-200-1202). Apoye a la víctima, no al agresor. Porque cada Génesis que se va, nos deja como país un espejo doloroso: la justicia, cuando no llega a tiempo, se convierte en lápida.