Capítulo 7
Por Abril Peña
En la República Dominicana, un país con sol todo el año y tierras fértiles, el hecho de que tengamos una crisis en la producción de hortalizas debería sonar a paradoja. Pero es la realidad: tomates, zanahorias, papas, cebollas y repollos se han vuelto más caros y más escasos, mientras los productores advierten que sembrar ya no es negocio.
En agosto de 2025, los precios lo dejaron claro: la libra de papa alcanzó RD$30.33, la zanahoria RD$36.67, el tomate entre RD$30.83 y RD$46.67 y la cebolla RD$48.33. En solo un mes, los vegetales subieron más de un 40 %. ¿La razón? Baja producción local y un mercado que depende cada vez más de importaciones.
Altos costos de producción
Los pequeños agricultores —que representan el 70 % del sector— están atrapados en una ecuación imposible: producir caro y vender barato.
El precio de los fertilizantes subió 40 % en 2023 por factores globales.
Sembrar con semillas certificadas cuesta hasta RD$5,000 por hectárea, inalcanzable para la mayoría.
Resultado: muchos terminan usando insumos de baja calidad, con rendimientos bajos y productos poco competitivos.
Lo que se ha hecho (y lo que no basta)
Plan Hortícola Nacional (2021–2024): solo alcanzó a 10,000 productores de los más de 300,000 que tiene el país. Hoy se integra al Plan Operativo Anual Agropecuario 2025 y a la Política de Producción Agroecológica 2025–2030, que promueve biodiversidad y menos químicos.
Banco Agrícola: financiamientos puntuales, pero apenas un 15 % de los pequeños horticultores accedieron a crédito en 2023.
Invernaderos: han triplicado rendimientos en la última década, pero siguen concentrados en pocos actores. El FEDA proyecta sembrar 10 millones de plantas y 20 millones de semillas de hortalizas en 2025.
Iniciativas recientes: pilotos de cooperativas para vender hortalizas a sistemas públicos (IFAD 2025) y programas del WFP (2024–2028) para poblaciones en crisis alimentaria.

Son esfuerzos valiosos, pero claramente insuficientes frente a la magnitud del problema.
Qué falta por hacer
Un plan integral de riego: podría aumentar la productividad entre un 20 % y 30 % según la FAO.
Centros de acopio y cadena de frío: hoy se pierde hasta un 30 % de la producción en la poscosecha.
Regulación estricta de importaciones: no tiene sentido inundar el mercado con hortalizas extranjeras en plena cosecha local.
Más invernaderos y siembra masiva inclusiva: no solo para grandes empresarios, sino integrando a las cooperativas de pequeños productores.
Crédito y seguros agrícolas diferenciados: sin esto, los productores seguirán sembrando con miedo a perderlo todo por una plaga o un temporal.
Bioseguridad y control de plagas: clave para sostener la producción de calidad y evitar pérdidas masivas.
Las hortalizas son la base de la alimentación dominicana. Y sin embargo, en el país del sol estamos comprando más afuera y produciendo menos en casa. La crisis persiste en 2025: precios al alza, productores agobiados y soberanía alimentaria en riesgo.
Sí, hay luces: programas agroecológicos, exportación de nuevos cultivos como uvas y avances en mecanización. Pero mientras dependamos de importaciones para llenar nuestros mercados —hoy representan ya un 20 % de los alimentos que consumimos—, no podremos hablar de soberanía alimentaria.
El campo grita. Y lo hace desde la huerta que antes era abundancia y hoy está vacía. Si no actuamos, lo que perderemos no será solo tomate o cebolla: perderemos empleo, salud y el derecho a decidir qué comemos.



