Opinión Política

Mientras otros se promueven, Raquel Peña trabaja

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Por: Karen Serrata

ElPregoneroRD- En medio del hervidero político que ya se siente en el país —aunque las elecciones estén todavía a la distancia—, es inevitable observar con lupa las estrategias que adoptan quienes, desde el oficialismo, aspiran a la candidatura presidencial. Algunos optan por la ruta tradicional del activismo, la exposición mediática constante y la narrativa del “yo puedo más”. Sin embargo, hay una figura que ha elegido un camino distinto: la vicepresidenta Raquel Peña.

Mientras otros se promueven, Raquel Peña trabaja.

No la vemos encabezando mítines ni desplegando una maquinaria comunicacional orientada al proselitismo. Tampoco la hemos escuchado lanzar promesas futuras que desconectan del presente. Lo que sí vemos es una vicepresidenta enfocada en su rol, trabajando de manera constante, seria y sin estridencias. Visita comunidades, entrega obras, representa al gobierno en momentos clave, y lo hace sin convertir cada paso en un espectáculo político.

En una época donde parecer muchas veces importa más que ser, Raquel Peña representa la otra cara de la moneda: la política que se gana el respeto con resultados, no con aspiraciones.

Esto cobra aún más relevancia tras la advertencia del presidente Luis Abinader, quien dejó claro que “el que quiera aspirar, que renuncie”. Una afirmación que pone sobre la mesa la importancia de la ética institucional, de no utilizar el poder público como plataforma personal. Y es ahí donde la actitud de Peña se convierte en ejemplo: su proyección no nace de la autopromoción, sino de la gestión.

¿Estamos, entonces, ante una nueva forma de hacer política desde el poder? Una forma más sobria, menos ruidosa, pero más efectiva y ética. ¿Podría esa ser la mejor carta de presentación para una eventual candidatura?

Aunque Raquel Peña ha dicho que sueña con subir las escalinatas del palacio como presidenta, su comportamiento ya es un mensaje político en sí mismo: se puede servir sin servirse; se puede construir liderazgo sin campañas prematuras; y se puede proyectar futuro con el peso de lo que se ha hecho, no de lo que se promete.

En una sociedad cansada del ruido, quizás el silencio del trabajo bien hecho sea la señal más poderosa.