Por Ann Santiago
Cuando una mujer se elige a sí misma, el placer ya no se pide: se exige
Hay algo en una mujer después de los 30 que no se puede fingir: seguridad.
No esa seguridad enlatada que venden en redes, con frases motivacionales baratas.
Estoy hablando de esa que se respira en la forma en que te mira, en cómo se quita la blusa sin vergüenza, en cómo no se disculpa por querer coger rico.
Después de los 30, ya no estás pa’ complacer sin placer.
Ya no estás pa’ quedarte callada mientras otro se cree que te está haciendo ver estrellas cuando tú solo estás contando los minutos pa’ que se acabe.
Te sabes el cuerpo. Las ganas. Las heridas. Las ganas otra vez.
Y por eso no te conformas.
No estás buscando a quién complacer, estás buscando con quién explotar.
Y si no puede darte eso, no te interesa.
Ya no preguntas si te ves bien, porque te sabes buena aunque no encajes en los filtros de Instagram.
Si tienes celulitis, estrías, los senos más bajos, la barriga que ya no se esconde… los usas a tu favor.
Porque la seguridad no está en el cuerpo. Está en el alma. En la mirada. En la forma en que te montas y no pides permiso.
Y sí, eso les da miedo.
Porque ahora tú decides.
Porque ya no tragas excusas.
Porque no vas a fingir un orgasmo para proteger el ego de nadie.
Después de los 30, coges por deseo.
Porque te dan ganas.
Porque te calientas.
Porque sí.
Y si no hay deseo, no hay nada.
No estás para enseñar a nadie a tocarte. Ni para estar con tipos que todavía creen que meterla es suficiente.
Ahora hablas. Pides. Guías.
Y si no te gusta cómo lo hace, lo dices.
Y si lo hace bien, también lo dices.
Y lo repites.
Ya no necesitas que te quieran pa’ sentirte deseada.
Te deseas tú.
Y si llega alguien que lo entiende y te acompaña en ese viaje, mejor.
Pero si no, también.
Porque después de los 30 ya no estás vacía. Ya no estás buscando que te completen. Tú estás llena. Llena de ti. Llena de vida. Llena de ganas. Llena de hambre.
Y si eso intimida, que intimide. Si no lo soportan, que no lo intenten. Tú no estás para enseñar a nadie a no tener miedo.
Porque cuando una mujer se siente segura en su cama, ya nadie más la puede hacer dudar.
Y cuando una mujer se corre sabiendo lo que quiere, ya no vuelve a fingir jamás.
Hay mujeres que cuando cogen, tiemblan.
Y hay otras, que hacen temblar.
Una mujer después de los 30 sabe perfectamente a cuál de las dos quiere ser.
Ya no está para ser mirada.
Está para mirar fijo y elegir.
Ya no está para ser deseada desde el silencio, está para desear en voz alta.
Y si tiene que pedirlo, guiarlo o tomarlo, lo hace.
Sin titubeos.
Sin “¿está bien si…?”.
Sin miedo a sonar “demasiado”.
Porque después de los 30, el cuerpo ya no es una inseguridad… es un campo de batalla conquistado.
Las cicatrices no se esconden.
Se presumen.
Los pliegues no se disimulan.
Se usan.
Las tetas caídas, las marcas del tiempo, el cansancio de la vida… todo eso la vuelve más real, más rica, más suya.
Y eso, lo sabe.
Y eso, te revuelca o te espanta.
Una mujer segura no te pide que la mires.
Se te impone.
Y si no puedes con eso, ni lo intentes.
Porque esta no es la niña que esperaba que la quisieran.
Es la mujer que se quiere.
La que se ha roto, se ha remendado y se ha tocado tantas veces que ya no necesita permiso para disfrutar.
La que se monta si quiere.
La que se baja si no le sirve.
La que se corre, se ríe, se moja, y se va si no hay conexión.
Ya no coge para gustarte.
Coge porque quiere.
Porque hay fuego.
Porque hay hambre.
Porque hay deseo.
Y si tú no lo puedes sostener, mejor quédate fuera.
No tiene tiempo para hombres que preguntan si pueden besarla.
No tiene paciencia para tipos que creen que el clítoris es opcional.
No tiene tolerancia para egos frágiles ni camas que no arden.
Y no, no está vacía.
Está llena de sí.
De historias.
De memorias.
De deseos que ya no guarda en un cajón.
Después de los 30, no hay actuación.
No hay carita de “virgencita buena”.
No hay pena.
Hay verdad.
Hay cuerpo.
Hay alma.
Y hay sexo del que cambia el ritmo, el aire, la vida.
Porque cuando una mujer se elige de verdad,
el placer no se mendiga.
Se exige.
Y se celebra.



