Lo que hizo el Procurador General de la República, Jean Alain Rodríguez en contra de la jueza Miriam Germán Brito es algo igual de indigno que el paredón aquel usado por Leonidas Trujillo en un periódico dónde a base de chismes se acababa con la gente o se anunciaba la caída en desgracia de algún favorito.
No perdona que la jueza en cuestión, tuviese la gallardía y pantalones que le faltan a muchos, y fíjese lo que muchos piensan y no se atreven respecto al caso Odebrecht, por no poner en peligro su visa, por un pleito geopolítico que tiene enredado a medio continente y que muchos aplauden como focas, por que les conviene o porque ignoran como se construyen las potencias.
Un documento anónimo, no es más que una estratagema rastrera que habla más de quien lo usa que de la jueza misma, que siempre ha admitido la relación de afecto que la une a uno de los encartados y siempre ha dicho que ella no podía juzgar el caso en cuestión.
A él se le olvida que el poder se acaba, tarde o temprano y como trata será tratado. Mal precedente cuando se usan ese tipo de bajezas para atacar a un miembro de un poder del Estado cuando no puede ganarle en el terreno que corresponde.
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