Por Jorge Lendeborg
La trascendental hazaña que representa la entrega de más de 110,000 títulos de propiedad a familias dominicanas es un hecho histórico que transforma la vida de miles de ciudadanos y consolida un legado de justicia social que quedará para la posteridad.
A través de la Unidad Técnica Ejecutora de Titulación de Terrenos del Estado, el gobierno de Luis Abinader ha impactado directamente a más de 2,200 familias cada mes, otorgándoles la seguridad jurídica sobre sus hogares y terrenos. Esto significa que hoy, familias desde La Guáyiga en Pedro Brand hasta Oviedo en Pedernales, desde Los Bajos de Haina hasta Miches, desde Los Guayuyos de Monte Plata hasta Los Guayuyos en Villa Trina, Moca, desde El Tamarindo en Santo Domingo Este hasta Hondo Valle en Elías Piña, han recibido el título que los convierte en propietarios legítimos de su vivienda.
No hay reconocimiento mayor para un gobierno que aquel que viene de la gente. Y esas miles de familias que hoy pueden dormir con tranquilidad, con la certeza de que su techo les pertenece por derecho, son el testimonio más poderoso del impacto de esta política pública.
El presidente Luis Abinader ha sido claro en su visión: no hay desarrollo sin equidad, y no hay equidad sin justicia social. Su gobierno no solo está entregando títulos, sino que está brindando las herramientas necesarias para que cada dominicano pueda construir su destino y contribuir al progreso de la nación.
En un país donde por décadas la informalidad ha sido una barrera para el acceso a financiamiento y estabilidad, estas acciones no solo garantizan el derecho de propiedad, sino que también abren oportunidades para el crecimiento económico y social de miles de ciudadanos.
Sin embargo, en las últimas semanas, el gobierno del presidente Luis Abinader ha sido blanco de una serie de ruidos mediáticos generados por la falta de gerencia de algunos funcionarios, cuyas acciones, aunque no sugieren actos de corrupción, sí evidencian errores administrativos y deficiencias en la gestión pública. Estos desaciertos han sido amplificados por sectores mediáticos y actores de opinión, desviando la atención de los verdaderos logros del presidente.
Aquí es donde el equipo de estrategia comunicacional del gobierno debe hacer una profunda reflexión: no se puede seguir permitiendo que otros impongan las narrativas, mientras los avances y transformaciones reales quedan en segundo plano.
Porque al final del día, cuando el ruido confunde, los hechos hablan.



