Opinión

12 de julio de 1924: A 100 años de la desocupación del Territorio Nacional por las Fuerzas Militares Norteamericanas

Compartir

Por José Missael María Hernández


“Los hechos que tienen importancia en la vida de un pueblo, tienen raíces múltiples, y muchas de esas raíces nacen mucho tiempo antes que el hecho mismo”. De esta manera escribía el Prof. Juan Bosch, estableciendo así el criterio y un método dialéctico para poder analizar los hechos históricos y llegar a conclusiones correctas al momento de analizar un acontecimiento importante en la vida de un pueblo.

Este próximo 12 de julio se conmemora el “100 aniversario de la Desocupación del Territorio Nacional por las Fuerzas Militares Norteamericanas”. Vergonzosa y trágica invasión militar que duró 8 años, desde un 15 de mayo de 1916, cuando desembarcaron las primeras tropas norteamericanas en las proximidades de la ciudad de Santo Domingo bajo las órdenes del Contralmirante William Caperton, hasta el 15 de marzo de 1924, cuando el general Horacio Vásquez y el licenciado Federico Velásquez fueron electos presidente y vicepresidente de la República, y tomaron posesión el día 12 de julio de 1924, fecha en que fue arriada en la fortaleza Ozama la bandera invasora y en su lugar fue izada nuevamente la bandera dominicana de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y demás patriotas dominicanos.
Esas raíces nos las describe el Prof. Juan Bosch de la siguiente manera:“En mayo de 1916 los males del caudillaje daban su amargo fruto: una escuadra norteamericana anclaba frente a Santo Domingo de Guzmán; un capitán de navío declaraba el país militarmente ocupado por la infantería de marina de Estados Unidos y designaba tenientes de esa arma para los cargos ministeriales. El Gobierno, presidido por Jimenes, quedaba desconocido; el presidente se iría al destierro, y el ministro de la guerra, que se hallaba en armas contra su gobierno, se sometería a los dictados del ocupante extranjero. Era una agresión imperialista, un abuso imperdonable de fuerza ejercido en un país débil; pero el pueblo dominicano, con el alma envenenada por la pócima caudillista, no tenía ya capacidad para reaccionar” (vol. IX, pp. 103-104).

La lección histórica relatada por por don Juan nos dice que lideres y gobiernos que endeudaron de manera irresponsable el país, y con ello el futuro de presentes y futuras generaciones tienden a crear las condiciones para la pérdida paulatina de nuestra soberanía, y la expropiación de nuestros recursos. Esto junto al débil desarrollo económico del país, las luchas encarnizadas en revueltas armadas de caudillos que pensaban solo en saciar sus íntimos deseos de grupos y personales, que sometieron al pais al caos y la anarquía social, agravado por el inicio de la I Guerra Mundial, fue la justificación perfecta para el gobierno de Woodrow Wilson para la primera invasión militar con el fin de “pacificar el país” y cobrar la deuda del préstamo Harmont que los gobiernos dominicanos habían contraído inicialmente con Inglaterra.

En este 100 aniversario de esta fecha histórica, la cual, en el gobierno constitucional que presidió Juan Bosch y el Congreso Nacional en 1963, fue aprobada y sancionada la Ley No. 50 que declara como día conmemorativo el 12 de julio de cada año, en virtud de que se trata de la «Fecha aniversario de la Desocupación del Territorio Nacional por las Fuerzas Militares Norteamericanas». Día de Regocijo Nacional.”

Esta fecha nos debe llamar siempre a reflexionar, a regocijarnos, recordar y honrar a nuestros hombres y mujeres del pueblo que combatieron desde el inicio mismo de la invasión: intelectuales, poetas, pero el verdadero reconocimiento va al pueblo dominicano que descalzos, descamisados combatieron con fe patriotica. Es así como un 3 de julio un grupo de 80 patriotas encabezados por el general Carlos Daniel y el capitán Máximo Cabral, en el lugar conocido como el cerro de la Barranquita, próximo a los entonces parajes de Guayacanes y Maizal, a unos 6 kilómetros de la ciudad de Mao, le hicieron frente con coraje, patriotismo y decisión a tropas muy superiores en armamento, equipamiento y hombres. Por igual es preciso recordar la valentía, el coraje y el amor patrio de hombres como Gregorio Urbano Gilbert, Vicente Evangelista y en ellos a los miles de hombres y mujeres que ofrendaron sus vidas y bienes por mantener una patria libre y soberana.
“Yo conocí a Bolívar una mañana larga, en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento, Padre, le dije, ¿Eres o no eres o quién eres? Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:» Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo».