Opinión

Razones existenciales del próximo triunfo de Luis Abinader

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Por Milton Olivo

En el tejido de la historia dominicana, un punto, el de la “Marcha Verde”, ha fijado su marca en la línea de tiempo de la nación, trazando con tinta indeleble un referente de lucha contra la principal causa generadora de miseria; la corrupción y la impunidad.

La marcha verde, con su masivo llamado a la justicia y la transparencia, se erige como un hito que redefine el horizonte político de la nación. En su estela, emergió un líder cuya ascensión al poder encarnó la esperanza de un cambio genuino: Luis Abinader.

El presidente Abinader no solo fue el beneficiario de este movimiento ciudadano, sino que también se convirtió en su vanguardia. Desde el primer día de su mandato, ha demostrado un compromiso inquebrantable con la ética pública y la erradicación de la corrupción.

Su gestión se erige como un faro de integridad en un mar de desconfianza política. Una de las piedras angulares de su gobierno ha sido la creación de una procuraduría independiente, un bastión de la justicia que no se doblega ante presiones políticas o intereses oscuros.

La persecución implacable de la corrupción, sin distinción de colores partidistas, ha enviado un mensaje claro y contundente: “en la República Dominicana nadie está por encima de la ley”. Lo que ha sido de gran satisfacción de toda la sociedad que anhela un futuro de bienestar para todos.

Pero el éxito de Abinader no solo reside en sus acciones, sino también en las absurdas decisiones de aquellos que se oponen a su visión de un país libre de corrupción e impunidad.

La división interna dentro del PLD en verdes y morados, solo ha exacerbado su situación, debilitando su capacidad de presentar una alternativa creíble a la gestión de Abinader.

Mientras, el presidente Abinader avanza con paso firme en la línea de construir un futuro basado en la transparencia y la prosperidad, sus oponentes se debaten en luchas internas y disputas de poder.

En este escenario, la continuidad de Luis Abinader al frente del gobierno dominicano parece más que asegurada. Su liderazgo ha encontrado eco en una población cansada de promesas vacías, escándalos políticos y saqueo de las arcas públicas.

Su compromiso con la honestidad y la justicia, le ha granjeado el apoyo no solo de sus partidarios, sino de una gran parte de la sociedad dominicana que anhela un cambio real.

El triunfo de Luis Abinader no es solo el triunfo de un hombre, sino el triunfo de una idea: la idea de que un gobierno puede ser honrado, y ser un instrumento para el bien común, no para el beneficio personal.

En un país donde la corrupción ha sido durante mucho tiempo la norma, su victoria representa la continuación de ese rayo de esperanza, frente al horizonte de un pasado oscuro y desalentador, que representa el PLD y la FUPU.

El autor es activista por una Quisqueya potencia.