Por Richard Pérez | ASEGÚRATE
Dos de los mayores anhelos de los dominicanos, es que lleguen tanto la temporada de baseball, como las elecciones para elegir el Presidente y los demás cargos congresulaes y municipales. En el caso del baseball, ya sabemos quienes son los rivales, antes, Licey y Escogido, ahora, Águilas y Licey. Eso lo tenemos claro.
En cuanto a la política, haciendo un análisis retrospectivo hasta el 2020, se identificaba claramente quien iba a enfrentar al Presidente o partido de gobierno. En el 2020, Abinader enfrentaría al PLD, no importa quien sería el candidato, en el 2016, también Abinader era quien enfrentaría a Danilo; lo sabíamos 2 años antes. En el 2012, ya estaba claro que Hipólito se mediría con el candidato del PLD; en el 2008, Miguel enfrentaría a Leonel, y así mismo en el 2004, Leonel volvía para enfrentar a Hipólito. La población y los votantes tenían claro quienes eran los dos principales gladiadores que se enfrentarían en la arena del coliseo electoral.
Después de las elecciones del 2020 y el panorama político incierto, de una oposición que se fragmentó sin un objetivo claro, todavía no se ha podido detectar quien enfrentará de manera real al Presidente de la República.
El pugilato de morados disfrazados de verdes contra verdes violetas, que se desgarran por gente de la misma naturaleza, no le ha permitido identificar una figura que pudiera subir al cuadrilátero contra un rival que posee la Corona y que está anclado en el corazón del público.
Los verdes y morados están obligados a transitar su camino separados para evitar que uno enguya al otro, y así se proclame su desaparición y sepultura para el período 2024-2028.
La lucha de la oposición, no es por ganar las elecciones que se avecinan, es por el posicionamiento para las elecciones del 2028. Cualquier de ellos que obtenga el 2do lugar, se encargará de disminuir a su mínima expresión al tercero, y así robustecerse para la próxima contienda, como lo hizo el PRM en el 2016, al convertir el PRD en una entelequía.
El gobierno trabajador, transparente y honesto que ejecuta Luís Abinader, aleja exorbitantemente cualquier sueño ilusorio de una oposición empequeñecida por su pasado y un presente sin norte. El Toro



