Proconsumidor es tendencia en redes sociales y no es precisamente por su rapidez en atender los múltiples casos de abusos a los consumidores, no, para eso son lentos como las tortugas.
Una tienda de dulces vende comestibles en forma de penes y vulvas a adultos, estos a veces andan con niños, que son responsabilidad de sus padres, en vez de tal vez solicitar la prohibición de la entrada de menores a la tienda, llamarles y buscar una forma tal vez de «ofender» menos a las delicadas mentes de monjas, curas y pastores horrorizados ante la vista de la imitación de los órganos sexuales, en una decisión retrógrada e incluso contraria a varias leyes, cierra el establecimiento.
Nos preciamos de ser muy modernos, ese tipo de establecimientos son famosos en otras partes del mundo y la zona colonial no es precisamente el sitio más religioso del mundo y todo mundo sabe lo que sucede ahí.
Pero aquí reaccionamos y nos inventamos reglas según el prurito moral de un grupito, pero a los colmadones y bares llenos de menores bebiendo alcohol y eso siendo conservadores, no le pasan ni por la acera.
La inquisición en acción.
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