Opinión

Educación presencial o teleeducación ?

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Por Abril Peña.


La decisión de si nuestros hijos deben ir o no clases, es una decisión imposible, la salud va primero siempre, pero la realidad es que miles de familias dominicanas sencillamente no pueden escoger.

Un parte de la clase media dice que no enviará a sus hijos a las escuelas, pero leamos bien solo un parte, podemos decir que todos tienen un familiar que se se quede con los niños, que pueden costear un acompañamiento además del caro colegio y posiblemente un refuerzo para llenar las necesarias lagunas? aquellos que tienen más de un hijo pueden enfrentar el costo de compra de varias computadoras, internet impresoras etc.?, Todo esto son las necesarias preguntas que están alrededor de la logística que significa dejar los niños en casa en la búsqueda de su salud, eso sin contar los gastos extras que como todos comprobamos significa la presencia de personas 24/7 en nuestros hogares, son preguntas incómodas pero necesarias y que se hacen miles de familias dominicanas hoy.

Por otro lado tenemos aquellos con aún más problemas que la siempre quejosa con su razón clase media, los más pobres, aquellos que ni siquiera se plantean las preguntas antes descritas puesto que nunca han podido pagar colegios, ni niñeras, ni internet, aquellos para quienes la tanda extendida aún con su baja calidad educativa le garantizaba el cuido de sus hijos y economizaba 6 mil pesos por niño en alimentación gracias a la política educativa del Estado, esos niños que no tendrán cuido, cuyos padres no podrán dejarlos al cuidado de nadie, estarán en sus hogares solos cuidados por todo el barrio y por nadie al mismo tiempo.

Dicho los problemas que presenta dejarlos en casa, vayamos al otro extremo, hay forma de garantizar el distanciamiento en las escuelas y colegios? Es posible garantizar que los niños no se toquen, no se abracen, ni jueguen entre sí? es justo para sus maestros? Pueden las escuelas públicas con su sobrepoblación mantener las medidas de seguridad mínimas ? No lo creemos, puesto que esto no depende de la decisión de uno si no de todos y a juzgar el fracaso de la desescalada parece que la responsabilidad campa por sus fueros y pedírsela a un niño es misión imposible.

Antes de ser radicales y pedir una cosa o la otra desde la comodidad de nuestras propias circunstancias, de juzgar las decisiones de cada familia atadas de mano en una dirección o la otra miremos todo el panorama, porque este definitivamente no es precisamente halagüeño, ni fácil.